14 September 2015

Honestidad vs. Engaño

Category: Feminismo

Esta noche voy a salir a dar una vuelta sexy con un amigo mío, muy querido él, me ha invitado a cenar, luego iremos a bailar y quizás después vayamos a un motel a recordar viejos tiempos…  ¿Que si mi pareja lo sabe?  Pues no estoy segura, es posible que lo sepa pero desde que conversamos está en el plan de hacerse el ciego, sordo y mudo.  ¿Raro, no?

 

Bueno… Ya les estoy escuchando a ustedes… “¡Pero ve! ¡Qué zorra ésta!”  Si, si, si, ya lo sé, hago cosas que no debería hacer por principios morales y éticos, engañar no es mi lema ni mi estilo de vida, pero es que aquí pasa otra cosa.  A ver… ¿Cómo les explico?

 

Me remonto al pasado para comenzar a contarles esta historia.

 

Resulta que una noche llegando del trabajo encontré mi casa a medias luces, entré casi sin hacerme notar para no despertar a Daniel, pobrecillo, quizás su día haya sido demasiado duro y ahora pudiera encontrarse descansando.  Hasta me quité los tacones para solo deslizarme por la casa y el corredor hasta llegar a la habitación y meterme despacito bajo las cobijas para sentir sus latidos suaves; le besaré en esos labios que tanto me apasionan, le enredaré mis piernas y la rodilla será el punto inicial de mis estremecimientos cuando sienta su precioso espécimen en reposo…  Mmm…  Mmmmmmmm….

 

Pero unas sombras inquietas - que se rebelan a la oscuridad gracias a la lámpara de la mesa de noche – dan la bienvenida a mis gestos cada vez más mustios al observar que no eran fantasmas ni las Sombras de La Casa, eran ni más ni menos que mi pareja con una de sus amigas que se divertían bajo aquellas sábanas que justo compré la semana pasada para mi cama.

 

Me detengo en seco, ellos ni se han enterado que yo ando por ahí, claro, Daniel no se hubiera imaginado que el trabajo no me exigió quedarme esa noche y regresé pronto para su desconocimiento y mi sorpresa.

 

Actuaría como una mujer “normal”, es decir, gritaría, mandaría sacándolos de mi cama y mi casa a los dos, pero soy de mente liberal, la sorpresa se me da porque Daniel no me ha avisado de sus planes eróticos, sino, no hubiera sentido la traición.

 

La infidelidad es el engaño, la traición es el engaño.  Sin engaño no hay infidelidad.  Bastaba con que me contara que iba a estar sexualmente con la susodicha y listo.  Pero, de no ser que he llegado sin avisar no me hubiera enterado nunca.

 

De pie me quedo mirando de reojo a aquellos amantes, sin embargo, la molestia no me permite disfrutar del show erótico, de modo que doy media vuelta y salgo, tomo mi auto y vuelvo al trabajo.  Estaba dispuesta a hacer horas extras sin remuneración con tal de estar lejos de casa por el momento.

 

Así comenzó todo…  Analizando la situación desde mi oficina, entendí por qué cerraba la pantalla de su computador cuando me sentaba a su lado, pues no quería dejarme ver con quién o qué chateaba.  Comprendí esos estados de frialdad que casi me mataron por un tiempo, se volvió tan extraño que no lo encontraba ni a través de su mirada, durmiendo conmigo como dormir con la almohada, sin comprender cuándo fue que la Luna dejó de tener su importancia para nuestro romance.

 

No, ya no me dolía tanto como pensaba, ya me asfixié de dolor hace tiempo, cuando él cambió su actitud y su sonrisa parecía esbozarse artificialmente como para una foto.  No, ya no me dolía, lo que me torturaba era el coraje de que lo que pudiera estar ocurriendo fuera a mis espaldas y en el lecho de mi propia casa; la rabia se me retorcía en el estómago y no eran celos, era el malestar de la traición y el engaño.

 

La traición y el engaño no me es admisible desde ningún punto de vista porque mi mentalidad da apertura para todo, menos para mentiras y engaños…

 

En fin…  Saco una cajita de fósforos del cajón del escritorio, me enciendo un cigarrillo para liberar la rabia y la desazón que aprisiona mi pecho y decido volver a casa para conversar.  Es Lunes, quizás se haya ido a trabajar, quizás se haya quedado en casa, no lo sé… pero voy dispuesta a juntarme con lo que soy, soy libre, soy feliz, soy mi techo, soy mis muebles, soy mis gatos y mis perros, soy todo lo que he conseguido… pero debo aclarar si soy “mi pareja”

 

Ingreso a casa, con los zapatos bien puestos y lo observo frente a su computador, es evidente que está contento:

- Hola mi amor, ¿cómo te fue? – Me saluda.

 

Me aproximo a besarlo pero veo que su labio tiene un horrible daño, por lo cual exclamo:

-          ¡Oh, pobre de ti! ¿A quién le hiciste sexo oral para que sus labios te hayan mordido en esas proporciones?

 

 

No cree que estoy bromeando pero me contesta que si, que ha tenido sexo oral con su amiga la noche anterior.  Me sorprende su sinceridad y entonces comienza una discusión de bajos tonos pero con un ligero matiz de celos por mi parte.

 

Le reclamo que por qué no me había contado que pasaría la noche con su amiga, él me dice que solo tuvieron sexo oral y que el sexo oral no es coito, pero yo considero que es igualmente fuerte.  No obstante la pregunta era ¿Por qué no me había contado que iba a pasar la noche con su amiga, haya tenido sexo oral o no haya tenido?

 

Allí estaba yo, la swinger, la puta, la liberal, reclamando por el sexo oral como si me importara, cuando lo que no se entiende bien es que el daño no está ni en la noche que pasó con otra mujer ni en el sexo oral, sino en no habérmelo comunicado.  Ser pareja de alguien al menos tiene el privilegio de la comunicación, ¿o no?

 

Mi espanto no iba por el tema de que a futuro pudiera tener sexo con otra mujer, sino que no me lo contara y mis pensamientos comenzaron a sufrir.  Varios días y varias noches pensaba si habría algún remedio para nosotros como pareja, sintiendo la inseguridad de que si pasa algo no me voy a enterar y quedaré como una pobre idiota a la que le ven la cara.  ¡No me lo merezco!

 

Soy una mujer liberal que ama, pero en buena onda, con la honestidad al frente, porque alguna vez si lastimé a terceras personas por andar de “calzón flojo” y me arrepiento de corazón, de aquella mala experiencia saqué el aprendizaje de no salir con hombres casados, porque el daño que se hace puede ser descomunal y salvaje… y ¿todo por un simple desliz sexual? ¡No hay derecho!

 

De modo que después de echarle cabeza por varios días  decidí proponer darnos Carta Blanca, si, era lo mejor, sentía que si Daniel aceptaba mi propuesta me quitaría un gran peso de encima, saber que tendría sexo con otras mujeres me gustaba para morbosear y comencé a disfrutar esa idea.  Mmmmmm….  Me la pasaría lamiendo los labios solo de imaginarlo dándole placer a otras mujeres, si, eso mismo deseaba yo, vivir el mismo momento de Daniel con otra mujer aunque en espacios diferentes.

 

Qué excitante resultaba para mí pensar que las cosas pudieran ser así, después, Daniel llegaría a casa a contarme en detalle todo lo que le hizo a su amiga y cómo fueron sus orgasmos.  Y me provocaría hacer el amor con él mientras me susurraría al oído todas las formas con las que le hizo gozar.

 

Mmmm…  ¡Si! 

 

Bueno, no es la forma más “normal” de llevar la convivencia, mis amigas no lo aceptarían ni de chiste, pero yo sí, ¡Caray! ¿Por qué habré nacido tan loca?

 

 

Entonces discutimos acerca de darnos Carta Blanca para que cada quien salga con alguien más si hubiera la necesidad y el gusto de hacerlo.  Así yo me relajaría con el tema, pues la única exigencia que pedía es que me lo contara.  Pero Daniel no se sintió cómodo con mi flamante propuesta y lo rechazó, simplemente lo rechazó.   Defraudada por no haber conseguido la paz que requería, me dormí, pensando tristemente que nuestra relación iba encaminada a su fin…

 

Mensajes privados que no tenía por qué compartírmelos – secretos – su espacio – sus amigas – etc.  ya me habían generado desconfianza y mi vida se estaba convirtiendo en un infierno.

 

¿Feliz? No, ya no me sentía feliz.

 

Al siguiente día me despertó con la noticia de que había cambiado de opinión y que si, si nos daríamos Carta Blanca, no sabía si creerlo, para probarlo pues corrí a hacer una llamada y ya estaba, al día siguiente saldría con un amigo:

-  Cariño, mañana saldré con mi amigo Pablo para tener sexo.  – Le informé

 

 

“Del dicho al hecho, hay mucho trecho” dicen y es verdad.  Daniel no me detuvo pero se fue muy temprano con la peor cara de ogro que yo haya visto en la vida, diciéndome que no regresaría a dormir.

 

 

¡Qué salida ni qué salida!  No pude hacer nada con mi amigo, nos encontramos pero la pasamos conversando de todo un poco, tanto él como yo nos queremos muchísimo y jamás vamos a hacer algo que nos perjudique de ninguna manera, en ese caso, no nos sentimos seguros de que la Carta Blanca de Daniel fuera real y preferimos charlar ya que hace tiempo no nos habíamos visto.

 

Efectivamente Daniel no asomó por dos días y me sentía tan triste.  De nuevo, la hipócrita que soy me acosó con las peores palabras… “Por puta, por fácil, por calzón flojo, por tan liberal, vas a perder el verdadero amor…”

 

 

Fueron dos días largos y grises, matándome solita y volviéndome a resucitar, analizando todo este lío desde el principio.  Si, soy una mujer liberal, de mente infinitamente más abierta que las piernas, siempre lo he sido, mi pareja no  me conoció de otra manera, incluso cuando tuvimos sexo por primera vez lo hicimos en compañía de un amigo mío, es decir, de entrada tuvo en su cara mi mayor desfachatez. 

 

Si, así es, desde aquellos mensajes de chat que no me dejó ver, mi mujer inquieta resurgió en busca de sus aventuras de siempre.  Quizás en respuesta al temor de ser engañada; quizás porque mientras su amor estaba entretenido por otro lado, mi amor necesitaba reencontrarse con  aquellos destinos sensuales de otros tiempos, quizás porque me recordé libre y traviesa y deseé de nuevo volver a serlo.  Y no es por venganzas, no es por competencias, no es por celos, no, no, no…. Nada de eso…  Es solo que no me gustan los infiernos para vivir, cuando la Luna perdió sentido para él también lo perdió para mí, es automático, como si estuviera diseñada para “No sufrir” siempre vuelvo a entusiasmarme por nuevos retos.

 

 

Satanizando mi ser más erótico por la propuesta de la Carta Blanca que intenté usar, se me pasaron las horas más lentas de los últimos tiempos en esta etapa del amor, a ratos odiándome por ser quien soy y a ratos amándome por ser tan única…  En espera del hombre a quién había decidido brindarle mi cariño de pareja, ese que llenaba mis días con solo su forma de ser… aunque la casa nunca pudiese estar debidamente ordenada, aunque mi cama contenía los olores de demasiado reposo, aunque me faltase un poco de no sé qué para sentirme más segura del amor que siente por mí…  “Aunque, aunque, aunque” no importaba, solo deseaba que regresara y no sabía exactamente para qué.

 

Al final del segundo día regresó y retomamos la conversación, le expliqué mis puntos de vista, de los cuales el principio fundamental de mi parecer era el de “No secretos”, a lo cual no dijo ni que si ni que no.  Y Daniel solo dijo que había vuelto porque me amaba y que estaba dispuesto a dejarme hacer lo que yo quisiera, pero que no quiere saberlo.  Es decir, trabajaría con el tema de sentirse cornudo y que no quiere que se lo cuente.

 

Fue inútil hablar más porque no llegábamos a ninguna parte: Daniel se dolía por mi forma de ser y yo, ante sus palabras me dolía que no aceptara la franqueza entre nosotros.  Quedó expresado que yo haría lo que me de la gana, sin entender que daba completamente igual, pues si él se sentiría mal por ello de todas maneras mis alas seguirán cortadas porque no me presto al engaño.

 

Era la primera vez en mi vida que sentía que mi honestidad estaba siendo castigada, que alguien la rechazara por ser honestidad, que prefería mil veces el engaño a aceptar con conocimiento de causa que saldría con otras personas.

 

Mientras tanto, yo no podía entender otra cosa acerca del engaño, pues si esa era su propuesta es seguramente porque no tuvo acogida mi primer pedido de “No secretos” y porque actuará del mismo modo.  Me ha pedido que no le cuente nada de mis salidas con otras personas, prefiere ser engañado, entonces yo me pregunto una cosa… ¿Será que su propuesta tiene el fin de ignorarme con tal de que yo ignore sus salidas? ¿De que yo lo engañe para que él me engañe a mí?

 

 

¡Vaya! ¡Cómo se me viró la tortilla!  Es lo opuesto a mi propuesta de honestidad, yo sí quiero saberlo, yo sí necesito saberlo, sino estaremos como desde el primer día...  Daniel es capaz de vivir en la mentira, pero la mentira a mí me mata.

 

No, algo no está bien aquí…

 

Dejamos la conversación por cansancio y nos fuimos a dormir, sin haber sacado nada de provecho, sin que la experiencia nos haya ayudado a tomar la mejor decisión.   Tristezas y lágrimas que no valieron la pena, no solo porque siento penosamente que ya no hay amor por ahí para mí, bueno si, si hay amor, de esos que sirven para buena compañía como se quiere a un amigo, pero sin definir sinceramente que así es y actuar en concordancia con esos nuevos sentimientos.

 

En fin…  Y ahora voy a salir a dar una vuelta sexy con un amigo mío, quizás ahora si suceda algo más.  ¿Que si mi pareja lo sabe?  Pues no estoy segura, es posible que lo sepa pero desde que conversamos está en el plan de hacerse el ciego, sordo y mudo, como yo con sus chats y sus secretos.  No sé en qué termine todo esto, la gente liberal no busca lastimar a los demás, nosotros lo sabemos manejar, pero Daniel y todos ellos que no han vivido una relación liberal no lo pueden entender y peor manejar, prefieren el tradicional engaño a cambiar de mentalidad.

 

 

Mientras tanto mi corazón ya se ha equipado con escudos y trajes herméticos para que ninguna zángana tristeza me pegue, esperando que una relación de pareja termine evolucionando a una parecida a la de hermanos, así será más fácil seguir viviendo juntos y finalmente la honestidad llegará con más naturalidad a nuestras vidas… Bueno, a la suya, porque a la mía llegó desde hace muchos años.

 

Y ahora les dejo…  Xavier ya llegó, está pitando, mejor me voy…

 

¡Ahhhh!  Una cosita más, por favor no le cuenten mis penas a La Qka porque me va a mandar a la mierda, no por puta sino por cojuda.

 

Un abrazo

 

 

La Qka

Tu alma de guerrera contiene la rudeza
de quien cae, levanta, cae y vuelve a levantar…
Eres la heroína de la vida,
Allí donde tus luchas te dan la gloria,
aunque venzas, aunque pierdas,
en la realización de tus sueños está la Real Victoria.
Tu figura femenina es todo un enigma,
en aquel mundo masculino donde se van de bruces…
más, tú te luces,
mujer que besa el cielo, mujer que besa el piso,
mujer que empuña el arte cual acróbata de rizo.

Los Guantes de Qka
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Friday, 19 July 2019