22 September 2013

Autoagresión

Category: Feminismo

Llego a casa, dejo mi cartera en la cocina, bebo un vaso de agua fría…

Manolo me ha dicho en la cafetería que ya no me quiere y mi cabeza da mil vueltas para comprender el “¿por qué?”  El solo ha dicho que ya no es lo mismo, que se apagó todo lo que sentía por mí y yo me pregunto si esto acaso me duele…


Reconozco que la noticia me apagó la luz del día por unos momentos, pero cuando me intro-inspeccioné me observé completa y sin heridas de amor, noté que no estaba para celebrar de nuevo la soledad pero que casi casi no había cambiado nada en mi vida.


Una relación de medio año puede ser importante para muchos pero no lo ha sido tanto para mí, al fin y al cabo yo misma ya me estaba reclamando mis espacios vacíos…

 

Pero lo espeluznante de toda esta situación es que no siento nada… ¡nada!

Hasta la última vez que hice el amor con Manolo sentía placer, cariño, creo que hasta felicidad… pero de eso a ahora, no sé lo que siento… ¿será esto un estado de shock emocional?

 

No es la primera vez que me terminan tan en seco una relación o que he terminado yo, pero cuando eso ha pasado mi reacción ha sido inmediata… llorar, llorar y llorar.  Soportar algunos días de luto, sobreponerme y al fin sacar la nariz de nuevo al mundo.

Pero esta vez es muy particular, Manolo ha dicho que ya no me quiere y no siento nada ¡no siento nada!

¿O me terminó de matar o es que ya estoy muerta?

 

Quisiera tener a mi chiquito corriendo alrededor de los muebles de la casa, haciéndome ruido, riendo, gritando… para recordarme que soy madre y que la maternidad es un privilegio que no renunciaría por nada ni por nadie, pero él está ahora pasando el fin de semana con su padre. ¡Qué necesaria se me hace la presencia de mi niño en este momento, para saberme viva!

 

Dejo el vaso vacío en el lavadero de la cocina, busco el teléfono… ¿Dónde diantres dejé ese teléfono? Desde que compré el inalámbrico nunca lo encuentro en su lugar, lo busco por toda la casa, bajo las almohadas de los sillones, en el comedor, la cocina, las habitaciones…  ¡Uyy! ¡qué molestia! Generalmente no uso el teléfono, aunque por eso mis familiares y amigos me reclaman…   “Nunca llamas… ingrata…”  Pero ahora me es imprescindible y urgente ese teléfono…

 

Rebusco en mis carteras, en el jardín, hasta que una luz divina ilumina mi precaria memoria y recuerdo que lo dejé en la lavandería, debió haber sido ayer en la noche cuando puse ropa a lavar…   Me quito los zapatos y camino a la lavandería para recuperar el teléfono y al tenerlo en mis manos marco desesperadamente el número de mi Ex esposo, quien extrañado me contesta:

 

-          ¡Hola!

-          Hola… ¿Puedo hablar con mi hijo por favor?

-          ¡Claro!  – Me contestó y escuché que llamaba al niño por su nombre, retomó el auricular y me preguntó – ¿Estás bien?

-          Si, claro que estoy bien – Le respondí sin estar muy segura pero pensando en mis adentros que desde que nos divorciamos he estado mejor.

 

Escuché los tumbos típicos de un diablito de tasmania de 10 años y su risa me colocó en los labios la única sonrisa del día, contestó:

 

-          Hola mami

-          Hola mi bebé… solo quería decirte que no te olvides de terminar las tareas y que te amo con toda mi corazón…

-          Yo también Ma… te amo desde aquí hasta el cielito ida y vuelta por treinta mil veces.

 

Me reí por su respuesta apresurada pues quería seguir jugando, continué:

 

-          Ya mi vida….  – Pero el pequeño me interrumpió:

-          Si  Ma, ya sé lo que vas a decir… que me porte bien con Papá

-          Así es chiquitito, pórtate bien con Papá y no te olvides de llamar a saludar a tus abuelitos.

-          Si Ma, te amo, chao – Y colgó.

 

El amor por los hijos es incondicional, es simplemente mágico porque ellos pueden ser lo que sean, hacer lo que quieran que incluso la misma muerte por ellos sería una completa entrega de amor.  Pero, ellos crecen y harán su vida y se cumplirá el dicho que dice que los hijos son prestados  y los padres se tendrán el uno al otro para vivir la luna de miel de los años de oro, de bronce, de plata o de lo que sea, pero yo… ¿pero yo?

 

Yo me quedaré sola, ojalá siga siendo incoherente para escribir historias locas, pero no tendré a nadie más que un gato apestoso ronroneando sobre mis rodillas…  Hablé con mi hijo, pero sigo sintiendo un amortiguamiento raro en el cuerpo, como que si me hubieran puesto anestesia, me pellizco los brazos para saber si aún tengo el tacto, me doy palmaditas en la mejilla a ver si despierto de la insensibilidad…

Hablar con mi hijo me rescató el alma, pero mi cuerpo está muerto…

 

Muerto por falta de deseo, como las tierras áridas por falta de lluvia; muerto como una hoja seca que sin misión se soltó de la rama hasta caer al suelo donde nadie la mira; muerto por falta de caricias, como ha muerto la flor que no ha conocido su belleza…  ¡Tétrico, triste, dramático!

 

No, no siento dolor porque Manolo me haya dejado de querer, ni siquiera le culpo, pues no entendió que el amor no es que se termina sino que evoluciona y se quedaría con nosotros si el resultado de su evolución determinaría que necesitamos estar juntos…  Pero si él no sintió los beneficios de la evolución del amor es que no habían beneficios y siendo así, es mejor que se vaya.

 

No me duele, solo me preocupa que él sea parte de mis estadísticas personales donde la línea se eleva a favor del grupo que no me puede amar, pero nada más.

No me duele, claro que no… no duele al interior donde personas más importantes ocupan lugar, pero se le va a extrañar en la superficie donde regamos cientos de semillas como si esperábamos que alguna bendición floreciera…

 

Voy hacia mi habitación, una cama gigante de sábanas frías acogen mi delgada figura, el televisor irradia imágenes que ni veo, sintiendo a los tiempos que necesitaba estar conmigo misma…  Parece que se me averió el termostato del cuerpo, no siento ni frío ni calor, mis manos frotan vigorosamente mis muslos a ver si los despierto, por la fuerza que empleo me he rasgado la piel con una uña rota, contemplo la casi imperceptible herida pero sigo sin sentir nada…   Estiro la mano hacia el cajón de mi veladora, saco una hoja de gillette, no razono lo que hago, estoy enfrascada en saber si puedo sentir algo… aunque sea dolor y empujo la hoja de gillette sobre la línea que había dibujado mi uña, no me causa dolor… la hundo más, más y más y la sangre baña mi muslo y mancha la cobija.

 

Enloquezco con las sensaciones que quiero sentir, cualquiera que sea, aunque sea el dolor, y levanto mis dedos para observar la gillette, veo que también ha herido mis dedos pues también están manchados de sangre.   El demonio se ha posesionado de mí, porque estoy fuera de mis cabales, presiono la hoja de gillette para dibujar largas líneas en los brazos, el líquido rojo emerge rápido a mi llamado, pero no tengo sensaciones sino la angustia de que el cuerpo se me ha muerto…

 

Que se muera el cuerpo estando viva es desesperante… mejor que se muera de una vez, que se muera completo si no me sirve para nada…  He enloquecido, estoy viviendo una experiencia de autolesionamiento, mis impulsos de hacerme daño se han incrementado solo por saber si es que la muerte podrá hacerme sentir dolor o placer aunque sea en mi último suspiro…

 

Nunca había visto tanta sangre y no me asusta… ¡cuando quiero que me asuste!

No me asusta lo que hay en el más allá, no me asusta nada…  porque si la vida no me favorece con el amor ¿para qué quiero el cuerpo?

Morir… ¿Quiero morir?  Tal vez si, liberaría a mi alma de mis deseos carnales, liberaría a los ejecutivos de cuentas por cobrar de tanto llamarme, liberaría mi espíritu allá donde no se viste ni se desviste… donde no hay decepciones ni tristezas, donde no sentir el cuerpo si tiene sentido…

 

Las voces de la televisión se cruzan con mis pensamientos que han llegado a su extremo, la gillette parece que tiene voluntad propia y corta las venas exaltadas de mis muñecas, no me duele nada, la visión se me va apagando… y lo último que veo es la presencia del espíritu de mi abuelo que me dice…  Aún no es tu hora ¡Vuelve!

 

Al rato despierto, mis ojos se sienten pesados, mi hermana quien ha permanecido a mi lado se abalanza sobre mi rostro para llenarme de besos y lágrimas…  Ahora si siento que me duele todo… no es gripe… es que en mi locura me he rasgado por todo lado…

He despertado con la sensación hermosa de haber visto a mi abuelito, a quien tanto he extrañado desde su partida, también lloro sintiendo que no lo volveré a ver otra vez…

 

Ohhhh…. ¡he tenido familia! alguien abrió la puerta y asoman hermanos, padres, primos, tíos… Y entre ellos mi pequeño hijo que abriéndose paso entre los adultos brinca sobre mi cama y se acuesta alado mío..  Ohhh… ¡mi bebé!

Me cuenta que me ha extrañado y enseguida los sobrinos han rodeado mi cama…

 

¡Por Dios! ¿Cómo es que olvidé que tengo varios ángeles en la tierra? Si están encarnados en mi pequeño y mis bellos sobrinos… y en algunos adultos antipáticos… como mi Ex, quien dio aviso de mi extraña llamada telefónica que finalmente me salvó la vida.

 

Aún no comprendo lo que pudo haber pasado, seguramente es algún tipo de depresión, quizás lo de Manolo fue la gota que derramó el vaso de stress, en todo caso no me voy a poner a averiguarlo y menos ahora que sé que no estoy tan sola como sentía… pues cuando esté vieja, además de un gato apestoso ronroneando sobre mis rodillas seguro tendré a mi hijo, mis sobrinos, nietos… acompañándome de vez en cuando con su cariño…

 

Ohhh… ¡gracias a Dios!

 

La Qka

Tu alma de guerrera contiene la rudeza
de quien cae, levanta, cae y vuelve a levantar…
Eres la heroína de la vida,
Allí donde tus luchas te dan la gloria,
aunque venzas, aunque pierdas,
en la realización de tus sueños está la Real Victoria.
Tu figura femenina es todo un enigma,
en aquel mundo masculino donde se van de bruces…
más, tú te luces,
mujer que besa el cielo, mujer que besa el piso,
mujer que empuña el arte cual acróbata de rizo.

Los Guantes de Qka
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Friday, 23 August 2019