01 February 2018

¿Dónde se me quedó el erotismo?

Category: Eróticos

Luego de algunos trampolines por aquí y por allá, logré encontrar cierta estabilidad en Sabadell, donde me acomodé en un par de habitaciones entre gente más relajada, los pasos dados en estos cuatro meses serían muy interesantes de contar, pero no me provoca ahora, lo que me provoca es encontrar el erotismo.

Busqué en las maletas, sacudí cada prenda, hurgué en los bolsillos pero no había el erotismo, me quedé pensando si se quedaría entre el menaje del calabozo que dejé en el Ecuador o en la filmación de una película que intentamos hacer, tal vez no logró soltarse de la Cruz de San Andrés, o Sangriento se lo devoraría como a un bocado de esos que no llenan pero que son tan apetitosos.

Quizás,  el erotismo si vino conmigo, pero el árabe de Mostá lo espantó cuando al sonreír me mostró su boca desdentada, o sería por la aventura de nada en el auto de Polnyo, o alguien lo robó de mi culo… ¿Dónde está el erotismo?

 

¡Ah! Tal vez esté en los libros que imprimí, los leí y vi, que evidentemente el erotismo se plasma en aquellas letras, pero corresponde al pasado, cuando me sentía erótica y escribía, más ahora, sigo buscando el erotismo.

 

Me senté a escribir este relato para encontrar el erotismo, así que voy a hacer memoria y de paso les cuento cómo se me han dado ciertas cosillas, entre bonitas y  horrorosas en su momento, a ver si por ahí me han robado el erotismo…

 

La última experiencia erótica y llena de cariño que tuve en el Ecuador fue con un amigo muy querido, recuerdo que los sentimientos nos unieron más de lo que habíamos imaginado, era la despedida y por lo tanto, no importaría que nos desnudáramos más que el cuerpo, recuerdo sentirme vulnerable pero a la vez muy firme para continuar por mi camino, por el que transitaría sin él porque finalmente cada quien tiene su vida y sus prioridades.  Fue la última vez que tuve sexo con el mayor de los afrodisiacos: el amor.  Fue la última vez que hice el amor.

 

Quizás el erotismo se me quedó ahí, aún no lo sé, pues al llegar a España me olvidé por completo de esa parte tan bonita de la gente libre.  Me había olvidado del sexo y lo único caliente que sentía por allí era la orina cuando iba al baño.

 

Cierta tarde, en uno de los alojamientos que estuve, conocí a Mostá, un árabe buena persona, por el que – por primera vez – logré sentir un leve despertar…

 

Su español, aunque con acento, era bastante bueno, me dijo que él no quiere esposas españolas porque ellas son irrespetuosas y salen con otros hombres engañando a sus maridos, que él quería mujer de otro país, algo así como yo, así tan bonita por fuera pero más bonita por dentro.

 

Le di las gracias por los halagos que me hacía, con palabras suaves le informé que no me interesaba tener pareja, entonces dijo que todas las personas necesitan caricias y que él podría pagar por eso…

 

Tuve una sensación extraña en mi cuerpo, entre gusto y disgusto, el morbo se me había activado, lo sentí bajar discretamente entre las piernas, sin embargo no fue difícil tener control, pues - cuando sonrió con su boca desdentada - todo me volvió al puesto, y su historia de que cobraba el paro engañando al estado español ayudó menos.

Y sobra decir, pero no me gustan los árabes aunque los dientes brillen en oro.

 

Le sonreí diciéndole “no gracias” y volví a mi piso, el caballero contempló mi cuerpo desde atrás, y corrió a alcanzarme. “Tienes un cuerpo muy bonito, la edad perfecta, insisto en pagar por tus caricias”

 

Me acerqué a su mejilla y le di un beso, le dije que no me interesaba porque me gustan los hombres españoles.  Seguía mis pasos de un lado a otro para que le continúe prestando atención: “Yo poder conseguir hombres españoles que paguen por tus caricias”

 

Le regalé una última sonrisa y antes de cerrar la puerta de mi piso, le contesté: “Ya me jubilé de puta”

 

Ese fue el primer momento erótico en España, si es que se puede llamar “erótico”.  Yo que voy por españoles y los que vienen por mí son los árabes.  Tuve que sortear a un árabe de Terrassa, tenía que darme la vuelta toda la calle para no pasar por su tienda porque estaba vigilándome; otro día en La Rambla se me apegó otro árabe, a tanta insistencia permití que me comprara un café, me acompañó hasta la estación del tren y al despedirnos me dio un abrazo tan pegajoso que me sentí como la gatita a la que persigue el zorro enamorado de Disney.

 

Yendo en el tren observo cantidades impresionantes de gente que viene y va, la mayoría enfrascada en sus artículos electrónicos, parece imposible hacer contacto visual con alguien, van tan solos, tan ensimismados que parecen infranqueables, aunque cuando nadie hasta hoy me ha negado la amabilidad y una respuesta a alguna consulta que he tenido que hacer, de allí no pasa a más.

 

Por eso, alguien me recomendó que ingresara a una página de internet donde la gente encuentra pareja, bien mandada me registré en busca de hombres mayores de 45 años.  No pasó medio minuto y las solicitudes y mensajes no paraban de llegar, cientos de mensajes entraron al buzón por 3 días y lo cerré, no solo que mi modesto móvil se estaba volviendo loco sino que ¡yo también!

 

De ese registro me quedé con 10 “amigos”, con el chat descarté 6 y de los otros 4 no han resultado más que encuentros fugaces.

 

Por supuesto, no podía llegarme nada mejor si mi presentación decía algo así: “Soy escritora erótica y busco pareja liberal…”  Aquello más unas fotitos con látigo, pues ufff, ya se imaginarán…

 

Asomó un inglés muy guarro, deliciosamente guarro, el chat fue perfecto, hicimos una cita y a última hora que yo llamé a confirmar, me dijo que no podría venir porque estaba esperando en su casa a una brasilera que llegaría a tener sexo con él.  Sin explicaciones lo eliminé, alguien que rompe un compromiso por su tema sexual no me da motivos para creer que se toma en serio la vida.  El sexo es fabuloso, más si le damos espacio para que suceda sin represiones, pero faltar a la palabra o a un compromiso por él, no muestra la seriedad de una persona.

 

Después conocí un lindo profesor de Barcelona, tuve pega con él, tuvimos un par de salidas para conocernos mientras visitamos lugares turísticos, sus dedos abrieron la llave de mis primeros orgasmos en España, llegamos a tener una tarde apasionada y gratificante, de esas personas que vale la pena conocer.

 

Luego me aventuré a conocer a Polnyo, los chats que manteníamos eran calientes y locos, definitivamente me encantó, al conocernos personalmente me encantó más.  Una noche ya habíamos quedado para tener sexo, yo estaba que me relamía todo lo que imaginaba que iba a pasar.   Entonces, llegó a recogerme en su auto, su mano indecisa me acariciaba el muslo, le ayudé un poquito para que me acariciara algo más, sin dificultad pues no traía calzón.  Fuimos a tomar un café a un bonito bar en el parque de Catalunya, cuando estuvimos listos salimos hacia ese momento erótico, por el cual yo estaba tan ansiosa…

 

Me arrinconó contra el auto, besuqueando y tocándome todo, estábamos ardiendo, le dije: “Vamos a un lugar más discreto”, me guiñó el ojo y nos montamos al auto.  El auto empezó a rodar por Sabadell mientras las manos se nos iban de parte y parte… ¡Miauuu! 

 

Mi sexualidad despertaba a galopes, no podía estar más emocionada.  De repente caí en cuenta de que el coche parecía andar sin rumbo, le pregunté jadeando: “¿A dónde vamos?"

 

Me respondió, con absoluta normalidad: “A un lugar discreto”.  Me sonrió.

-          ¿A dónde? – Volví a preguntar, poniéndole más atención a su respuesta que a su mano metida bajo de mi falda.

-         A un lugar más discreto, oscuro y solitario.  – Respondió al mismo tiempo que se parqueó bajo un árbol grande de una calle industrial, tan discreta, oscura y solitaria como “deseábamos”, anunciando: - Llegamos.

 

¿Llegamos? ¿Era en serio? ¿Quería tener sexo en el auto?  Le dije que no me parecía cómodo, que prefería ir a un motel, en Ecuador se llaman “moteles” a estos sitios de alojamiento por horas donde las parejas llegan a los suyo y se van.  Me contó que en España si hay hoteles de citas pero que costaba unos 80 euros y que debíamos ir a Barcelona porque en Sabadell no hay, que no tenía presupuesto para eso.  Podíamos pagar entre los 2, le propuse, pero no quería ir hasta Barcelona, ¡20 kilómetros le parcía muy lejos!

 

Demasiados datos que me producían el deseo de irme a casa, pero me esforcé por acomodarme a la idea, me repuse de la decepción y pensé: “Vaya, una experiencia de auto no la vivo hace más de 20 años ¡A disfrutar!”  Le dije que no importaba y  continuamos acariciándonos apasionadamente, cuando llegó la hora le pedí los preservativos.

-          No tengo preservativos, ¿que no los has traído tú?

 

Me detuve abruptamente y le pedí que me llevara a casa, que sin preservativos no llegaríamos a ninguna parte ni en auto. Conversando de tonterías menos de lo sucedido, llegué a casa con deseos pero no precisamente de tener sexo, sino de caerle a golpazos a él por esperar tener dama, cama y chocolate, sin que le cueste siquiera lo que le costaría a un caballero que se respete, que en España sí que los hay, pero di justo con un sevillano cazaoportunidades que quería comerse una puta tonta.   Casi me come por puta pero no por tonta. 

 

Y como la vida es así: uno si, tres no, uno si, tres no, luego conocí otro señor, a quien con solo mirarle yo ya me quería casar.

Es un hombre bello, con unos ojos que no se puede dejar de mirar, una piel riquísima, de carácter apacible e inteligente.  Se animó a conocerme por el látigo de la foto y porque tiene una fantasía muy particular, ama el facesitting.  Noté que se armó de valor para pedirme que comparta su fantasía y como yo tengo flojo el “si” pues… dije que “si”.

 

Nos encontramos cierta tarde, fuimos para su departamento, conversamos mucho, rompimos el hielo, poco a poco íbamos desvistiéndonos, era yo quien lo llevaba como a un sumiso temeroso pero leal a lo que quería vivir, le acaricié, le consentí, le mimé, le besé y le cosifiqué para sentarme en él.  Le puse mis grandes nalgas en la cara, asfixiándolo por largos segundos mientras yo escribía un relato en mi computador.  Cada uno de sus gestos se aplastaban bajo mi culo, su nariz buscaba profundidad en mis agujeros, él estaba en el paraíso que había soñado siempre, como una cría que en vez de ser parido quisiera retornar a las entrañas de la mujer.

 

Jamás había sentido a alguien tan vivo dentro de mí, transmitiéndome sus vibraciones, sus nervios, su adoración, a través de aquella cara que quería ser tragada por mi culo, como si mi intimidad fuese la puerta - que él no quería cerrar -  para volver algún día de donde vino.  Su barba me pinchaba por toda el área, estimulándome, a ratos me incorporaba para masturbarme en su nariz y eyacular sobre su hermoso rostro embebido de placer.

 

Luego de unas horas, nos miramos contentos, él lucía tan radiante que no se parecía al que conocí por primera vez, lo sentí libre y desestresado.  Sentí que le había amado…

 

Bueno, después pasó que - por alguna razón que no me acuerdo - tenía que ir a Barcelona, al subir al tren conocí un venezolano que se sentó a lado mío, comenzamos a conversar y así nos hicimos amigos, entre la amena charla de introducción percibí un toque de sensualidad y alto rendimiento, de esas cositas que uno entiende sin saber por qué…  Identifiqué en él, la misma soledad que también siento yo, extranjeros llegados del más allá a una tierra diferente en busca de una vida mejor, pues no pasaron ni 2 días cuando fui yo quien le propuse tener sexo, así, tan descaradita y sinvergüenza, le hice la propuesta indecente.    Y qué podía decir él sino que sí, hasta ahora no conozco un hombre que pueda hacerse el digno antes de decir que si, peor que no. 

 

Pero dejándose de chistes y para mi suerte, mi amigo venezolano no rechazó mi propuesta.  De vez en cuando nos encontramos para pasarla bien.  ¡Y qué bien que se pasa con él, caray!

 

Ahora he comenzado la amistad con un nuevo amigo, es un fotógrafo que conocí hace unos 4 días, un artista con mucha sensibilidad y una gran filosofía de vida, hay mucho que aprender de él, estoy contenta de haberme metido en aquella página en busca de “BDSM en España”, que me rebotó a los “anuncios” donde encontré a mi amigo fotógrafo. 

 

Pero volviendo al origen de este relato: ¿Dónde está el erotismo?, no lo sé, mejor me voy a dar una vuelta a ver si por afuera el frío obliga a alguien a arroparse entre mis brazos.  Voy a peinarme un poco para salir, me miro al espejo, el cepillo queda suspendido en el aire porque se me vienen los reclamos de una mujer, me quedó el trauma de aquel día cuando se convirtió en alien para insultarme y acusarme de tener sexo con su marido, para que vean, locas hay en todas partes, y me pregunto: ¿Por qué, aparte de estar chiflada,  una mujer preciosa tendría que estar tan insegura de perder a su marido conmigo?

 

¡Ahí está! ¡Ahí está la respuesta!  Porque está más preocupada por mi erotismo que del suyo.  Lo que significa que ella vio el erotismo que yo estoy buscando a través de estas letras, me miro al espejo y sonrío, si, allí está mi erotismo, allí conmigo disfrutando de la vida y expresándose con los pensamientos.  Allí está mi erotismo oliendo a libertad, aventándose como brisa, refrescando y bendiciendo la vida de los demás, sin pisotear los derechos ajenos.  Y si el erotismo es cosa del diablo, déjenme informarles que hasta en el infierno nos manejamos con códigos.

 

 

Sara

Tu alma de guerrera contiene la rudeza
de quien cae, levanta, cae y vuelve a levantar…
Eres la heroína de la vida,
Allí donde tus luchas te dan la gloria,
aunque venzas, aunque pierdas,
en la realización de tus sueños está la Real Victoria.
Tu figura femenina es todo un enigma,
en aquel mundo masculino donde se van de bruces…
más, tú te luces,
mujer que besa el cielo, mujer que besa el piso,
mujer que empuña el arte cual acróbata de rizo.

Los Guantes de Qka
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Friday, 23 August 2019