29 August 2018

El día que me enamoré del Luismi

Category: Amor

Muchas veces me da la impresión de que la gente vive sobreviviendo, a veces me pillo yo misma sobreviviendo en vez de vivir, por suerte - en mi caso - es muy rara vez, pero me esfuerzo por no llegar a esa fatal sensación de aburrimiento porque es algo muy horroroso.

Aburrirse es interesante después de todo, porque obliga a buscar más cosas como una manera de no ahogarse en un mismo estado, así voy por el mundo experimentando situaciones, cosas y personas al límite.  La vida es muy bella para mí, pero quizás para mi pobre hermana no lo sea tanto al vivir conmigo porque lo último que me importa es ocupar mi tiempo en ordenar y limpiar como a ella le gustaría, pero son esas  “malas costumbres” la sazón que le da sabor a mis días.

 

Aquello de los horarios son armas mortales para mi culo de mal asiento, pero en este caso no mi culo sino mi cuerpo entero ha sufrido por los horarios de alimentación que mi hermana ha querido establecer en mi hogar, eso de desayunar, almorzar y merendar a una hora determinada me ha parecido fatal, no por comer sino por comer sin hambre.  Comer sin hambre no da gusto.

 

Intenté seguir el horario pero al final de la semana me sentí llena, abultada, con la comida hasta la garganta, comiendo sin gana, dándole al cuerpo lo que necesita sin que te lo pida, y no dejo de pensar en la filosofía de “Comer” y todo lo que implica, también es mi falta de costumbre, pues con comer 2 veces al día: a media mañana y a media tarde, para mí es suficiente, entonces, colaborando con la disciplina que sin duda me haría muy bien si hubiera podido obedecerle a mi hermana, comí las 3 veces al día, con frutitas entre horas… y finalmente asumí que la desastrosa que soy ya no tiene remedio y volví a mi horario de comer cuando me de la gana, aquellas 2 veces al día que da hambre y me alimento con absoluto placer.

 

Como con la alimentación, mi vida en general transcurre con absoluto placer, fluyendo sin tiempo, sin espacios, sin orden, sin reglas, sin horarios, sin límites y a veces hasta sin mí; no es exactamente lo que alguien, en su sano juicio, debería hacer, porque es 3 veces más complicado lograr objetivos, es sufrible para las personas como yo para los estudios por ejemplo: que tuve que repetir el Pre-escolar, el Primer Curso y el Primer semestre de la Administración Turística.  También perdí el año con el matrimonio y con alguna relación de pareja que me esforcé por que funcionara.  Es una especie de discapacidad para vivir la realidad, se nace con eso, mientras no se comprende se sufre con cada fracaso y con la opinión del entorno que te califica como una niña problema, adolescente rebelde o mujer loca, pero con los años se aprende a vivir con una alegría más auténtica y relajada, pues cuando ya aprendemos a vivir en el limbo se pasa por lo que piensa la gente.

 

El limbo… donde en algún momento de nuestra historia personal nos quedamos atrapados, allí justo donde muchos niños quisieran quedarse para no crecer todavía; donde se encuentran poetas estrellados contra el piso por estar recitándole a la Luna; allí donde un amor ha dolido tanto que nos ha vuelto invisibles para ser amados otra vez; allí, desde donde se puede creer en las personas sin que los arañazos nos hieran de gravedad, es el limbo y no cualquiera puede llegar hasta ahí.  De todas maneras, las pasiones nos bajan del limbo, como la misión baja a los ángeles, y de repente, abrimos los ojos a un nuevo amanecer, listos para ser tan terrenales como todos para bendecir las vidas de los demás, haciéndolo porque da hambre de humanidad, da hambre de amar y ser amado, da hambre de comer y de dar de comer, da hambre de servirse y ser servido con lo que uno mejor pueda hacer.  Bendita sea esa hambre para uno mismo y para los demás, porque el placer y la satisfacción de dar y recibir, son infinitos.

 

Y gracias a esa “hambre” un día llegué a Barcelona con mi casa en 2 maletas y un hijo como la clave que usó Dios para no desatarme de la realidad, llegué cargadita de la sangre de mi padre para liberarla en su tierra y ligar con mis antepasados, pero – sobretodo – llegué con una vida de puentes estructurados de fe que me han servido hasta ahora, pues para cada paso me sirve la ingeniería divina que me pone el puente para que yo continúe mi camino a pesar de los abismos.  Para ser alguien que vive más en el limbo que en la realidad, he conseguido poner las primeras piedras y voy tirando para adelante.

 

Y gracias a esa “hambre” y a esa cadena misteriosa de acontecimientos conocí a Luismi, un catalán bonachón y muy despierto, un caballero a carta cabal, me tiene entre el limbo y la realidad porque estoy disfrutando de un nuevo amor y todavía no me lo puedo creer.  Fue de un día para otro, así, como cerrar los ojos por un segundo y volverlos a abrir, pues de no estar enamorada  pasé a estar locamente enamorada de él.

 

Al principio creí que estaba loco porque a los 30 minutos de habernos conocido ya me hablaba de futuro, susurraba palabras bonitas a mi oído que yo - luego de disfrutarlas – las ponía sobre los patos de la laguna del Parque Catalunya en Sabadell para que sus sueños naveguen seguros y se le cumplan alguna vez, mirando sus ojos de pestañas envidiablemente largas supe que se trataba de un hombre apasionado y con hambre de amar y ser amado.

 

Como normalmente sucede, creí que cuando tendríamos sexo se le pasaría la fiebre de tantos sueños futuros juntos, los hombres dicen de todo hasta lograr tener el ansiado sexo, después se calman y se van, no está mal porque también quiero sexo aunque la suerte de las mujeres es diferente porque nosotras no necesitamos convencer a nadie para conseguirlo, los hombres son fascinantemente facilitos.

 

Me escribía varios mensajes de whatsapp que a estas alturas ya tendría suficiente para un libro de 500 páginas, me visitaba cada fin de semana, y aprovechando la ocasión de que me pasé a un piso pudo lucirse con su habilidad de poner, quitar, reparar y hacer lo que fuera necesario para que el hábitat se sintiera felizmente confortable.  Cuando le pregunté cómo se hubiera sentido si yo no hubiera aceptado tener una relación con él a pesar de sus favores, me respondió que lo hacía porque así era él, que no le importaba mi respuesta al respecto porque está acostumbrado a hacerlo por las personas que lo necesitan, si alguno no lo agradece le da igual porque seguramente alguien vendrá después para agradecérselo con creces.

 

Una respuesta noble que me cambió la forma de verle, un punto más a favor porque sus pensamientos coincidían exactamente con los míos, algo había en este caballero que estaba removiendo mi corazón.

 

Su eficiencia en las labores de herramientas le permitieron tener tiempo para seguir conquistándome, pasear y pasar tiempo juntos, haciendo planes que nos iban aproximando cada vez más hasta que caímos fundidos en un primer beso…

 

Luismi es un personaje muy agradable y de trato ligero, pero no me terminaba de convencer por su forma de hablar, todo él es un torbellino que quisiera amordazar para devolverles la paz a mis oídos, pero con el primer beso comprendí que lo único que necesitaba ese hombre para callarse era un beso.  Y aquel primer beso puso frente a mí el cuerpo de un hombre gordo, y yo que generalmente procuro hombres con mínimo de barriga para mis momentos sexuales, me desvestí para quien me ofrecía grandes porciones de carne y  entendí lo que se dice en el Ecuador “Hay de donde agarrar”, y así fue, tuve mucho de donde agarrar y me sentí plenamente poseída, completa, abrazada y feliz. 

 

Nuestra experiencia sexual fue encantadora, no tiene una figura escultural pero tiene mucho más de lo que necesito,  mi mente se libró de aquella idea que mantuve por tantos años de que la gente gorda no era capaz de dar un buen sexo, o que al rato del rato se me bajaría el deseo por no incentivarme con un cuerpo más bonito, pero el Luismi lo tiene todo, su cuerpo es lo más maravilloso que tiene, porque es un cuerpo que ama con locura, que sostiene a una mujer en el éxtasis, más el morbo que se genera de cada momento, uff, pues me sentí en la gloria y empecé a pensar que sí me gustaría tener una vida amorosa con él.  Besa como yo, disfruta como yo, ama como yo, folla como yo…  Estaba comenzando a alucinar, porque además nuestros gustos sexuales encajaban con mi forma liberal de pensar.

 

Cierto fin de semana fui para su casa a ayudar a cuidar a sus padres que son muy ancianos.  Fui sin estar segura de quedarme a dormir, mi inseguridad se debía a que conocería a sus padres y este hecho daría por sentado que su hijo tenía una relación amorosa conmigo y yo no estaba lista para dar ese paso, pero me dejé llevar pensando que tomaría el último tren para volver a mi casa en Sabadell.

 

Su casa queda en un pequeño pueblo llamado Vendrell, a 5 minutos de la playa, entre caminos estrechos de subidas y bajadas, de casitas antiguas y amplios viñedos.  Se entra por un gran garaje muy bien organizado y luego por la cocina.  Estaba conociendo la forma de vivir del Luismi, limpio, ordenado y muy acogedor; sus padres, que ya son muy ancianos esperaban sentados en la sala frente a un gran televisor.  Apenas llegamos el hijo tuvo que cambiar de pañal a su padre y después servirles la comida de acuerdo a las indicaciones que tiene cada uno, a su padre todo licuado y a su madre un plato de pescado, a su madre un vaso de agua y a su padre agua con una sustancia especial que espesa el agua para que al beberla no se le vaya por alguna vía inadecuada.

 

Ayudé con lo que mejor pude entre que el señor me decía alguna cosa que no entendía, pero había que decir a todo “si”, y conversando a toda voz con la señora para que pudiera escuchar.  Observé el cambio de actitud del morboso Luismi, entregado con toda su vitalidad a servir a sus padres; cuidar 2 abuelitos al mismo tiempo es bastante duro, sin embargo, lo hacía con cariño y eficiencia.  Me sentí gratamente sorprendida.  Fue inevitable imbuirme en recuerdos de aquellos tiempos cuando cuidé a mi abuelita Inés, la madre de mi padre, en mi casa en el Ecuador.  Me solidaricé con la tremenda responsabilidad y el esfuerzo que tanto Luismi como su hermana empeñarían para cuidar de sus papás, lo entendía con el corazón porque mi corazón también se dedicó a lo mismo hace años atrás, y se volvería a dedicar si mis padres me necesitaran de la misma forma.

 

La nobleza de un buen hombre estaba a la vista y tengo presente el mismo instante que me enamoré perdidamente de él, fue al día siguiente cuando entramos a la habitación de su padres para cambiar las sábanas, el fuerte olor de orina hubiese espantado a cualquier otra visita, pero para mí, llenar mi olfato con esos olores me trajo el amor inmenso que sentía por mi abuela y de atenderla, bañarla, cuidarla, consentirla, darle cariño hasta su último día de vida…   En segundos mi mente se llenó de imágenes, en segundos mi corazón estallaba de amor por mi abuelita y después por aquel buen hombre que ahora hacía lo mismo con sus padres.  Literalmente sentí un “Click” en mi pecho y me enamoré perdidamente del Luismi.

 

Decir “Te Amo” es muy pronto, pero ciertamente reconozco que él tiene todo lo que amo de un hombre, y que yo tengo todo lo que él merece para ser amado, entre el limbo y la realidad.

 

Qka

Tu alma de guerrera contiene la rudeza
de quien cae, levanta, cae y vuelve a levantar…
Eres la heroína de la vida,
Allí donde tus luchas te dan la gloria,
aunque venzas, aunque pierdas,
en la realización de tus sueños está la Real Victoria.
Tu figura femenina es todo un enigma,
en aquel mundo masculino donde se van de bruces…
más, tú te luces,
mujer que besa el cielo, mujer que besa el piso,
mujer que empuña el arte cual acróbata de rizo.

Los Guantes de Qka
2.png8.png8.png5.png8.png4.png
Hoy42
Ayer97
Esta semana507

Saturday, 21 September 2019