27 February 2016

Vivir para amar sin dependencia

Category: Amor

 

 Ahora se llama Francisca, tiene 12 años, su belleza es la inocencia, su virtud es creer en Dios y su defecto perseguir causas aunque tarde toda la vida, o todas las vidas…  No es que Francisca tuviera las 7 vidas de un gato, pero, había hecho un trato divino para nacer cuántas veces sean necesarias para estar junto a aquella alma que tanto amaba.

 

 

 

Se lo habían concedido para que llegara a comprender que la dependencia en el amor no era necesaria, sin embargo, su espíritu no lo admitía de esa manera, ella siempre buscaba estar fundida en el alma de su amado – como quiera que naciese – de padre, madre, hermano, tío, hijo, amigos o novios…

 

Así es…  Yo estuve allí hace muchos muchísimos años, cuando Francisca había muerto de muy viejita en una vida en la Tierra, su peor tristeza fue despertar una mañana alado de su esposo muerto, el vacío que le dejó no lo pudo superar jamás, pero tuvo que aguantarlo hasta los 97 años cuando al fin un paro respiratorio le arrebató su último aliento de dolor y pesadumbre.

 

Si, yo estuve allí…  recuerdo que su espíritu se elevó furioso hasta los cielos, era un bulto de energía roja y naranja, gritaba que quería hablar con Dios para preguntarle por qué le había enviado su amor por tan corto tiempo, por qué la había dejado vivir tantos años sin él, que no estaba de acuerdo.

 

Pero su furor con la todavía rabia humana que traía de la Tierra, se evaporó de repente, cuando apareció al instante aquel amor suyo, por el que clamaba y lloraba tantos años en la Tierra…  Entonces su luz se amplificó en colores de radiantes violetas, azules y rosados, Francisca sintió el amor como jamás lo había sentido y en un abrazo maravilloso las dos almas volvieron a estar juntas.  Con la calma propia de los santos, Francisca le pidió al Señor que le permitiese vivir siempre con su amado, como quiera que reencarnaran, y el Señor – que es la máxima sabiduría de todo cuanto existe y no existe ya que todo lo ha creado Él, accedió a su solicitud, advirtiéndole que las circunstancias serán diferentes para que ella aprendiera a amar sin dependencia.

 

Francisca se postró a los pies de Dios para expresarle su gratitud y cuando alzó la mirada para intentar ver sus bondadosos ojos, de repente, una pregunta que no alcanzó a hacer se le repetía incesantemente como un remolino negro que bailaba alrededor de su materia y que decía… “¿Te volveré a ver mi Señor?”

 

No, Francisca no alcanzó a escuchar la respuesta del Creador, pero Él le dijo que no volverá a tener la oportunidad de verlo como lo había visto hasta que aprenda, que lo sentirá, que jamás la abandonará, pero que luego de cada muerte resistirá otro nacimiento y así sucesivamente hasta que termine por comprender que el amor no es dependencia.

 

Lo pude escuchar yo, con las justas, porque también me hicieron paquete y me enviaron de nuevo a nacer con la misión de recordarle a Francisca su misión, es decir, hasta que Francisca no aprendiera que el amor no es dependencia estaría naciendo con ella hasta el infinito…  No podía darme pereza, era un mandato divino y lo tenía que cumplir…  Por eso he sido testigo de sus vidas, paralelas a las mías por diferentes ocasiones y a través de los siglos y los siglos.

 

Y ahora mi hija se llamaba Francisca, seguramente no se acuerda por qué ha retornado al mundo, pero tiene 12 años y es una belleza, la amo tanto que puedo morir por ella, la observo dar de botes sobre la paja de nuestro establo, donde tenemos caballos, sus trenzas largas y doradas como el trigo se cuelgan cuando juega en un columpio que le hizo su padre, es tan bella, sus ojos azules son como la extensión del cielo de donde venimos, somos tan felices.

 

Pero una tarde, cuando nos preparábamos para la cena, mi niña no llegaba…  Mi angustia trastornó mis sentidos, fue peor cuando llegó su padre con la mirada más gélida que la nieve que caía fuera, traía en sus brazos el cuerpo de mi pequeña… muerta…

 

El dolor de perder un hijo es simplemente indescriptible, pasé los años mecida en los brazos de un esposo bueno y mi muerte se produjo apenas a los 36.

 

Y regresé a mi hogar en el cielo, a un estado de recuperación divina, esperando con ansias poder ver a mi chiquita, pero sin mucha oportunidad de preguntarle a Dios por qué tenía que pasar por tanto dolor cuando la lección era para Francisca, cayendo en cuenta que si la lección era para Francisca era inevitable que también lo fuera para mí…

 

De repente, me encontré gritando a todo pulmón y entendí que había nacido de nuevo.  Los bebés traemos los perfumes de la casa de Dios y supe por ello que Francisca estaba naciendo en ese momento, en alguna parte de la misma ciudad.

 

No la conocería hasta los 15 años, cuando la vi en el cuerpo de un hermoso varón, me enamoré enseguida, a los 18 años nos casamos y tuvimos 5 hijos, una guerra terminó con la estabilidad del hogar y mi marido se dedicó a beber para aislarse de la realidad.  Si, yo sé que me amaba, moría por mí y yo por él, pero los tragos le hacían perder la cordura y me golpeaba…  Algunas veces casi me mata, pero lo aguantaba porque lo amaba con toda el alma. 

Aquella vida fue un desperdicio en cuanto al afecto, no dábamos pie con bola, nos amábamos sin saber que estábamos cayendo en una dependencia peor que el mismo trago, la dependencia del amor…  Yo que no lo dejaba y cuando me arriesgaba a hacerlo, él salía en mi busca y me pedía perdón de todas las manera posibles, y regresábamos de nuevo.  Tuvimos una vida muy tropezada hasta que me la quité yo misma, luego de asesinar a mi marido una noche…

Habíamos muerto casi al mismo tiempo pero no lo encontré en el estado de renovación del más allá, estaba más cansada que nunca, ya no quería volver a nacer, ni siquiera volverlo a ver…  Quería preguntarle a Dios por qué las personas que más se aman son las que más se lastiman…

Y escuché la respuesta de los Maestros que decían… “Es que eso no es Amor, es dependencia”

 

Otra vida, caray, mi energía fue tan débil por la poca voluntad de volver a vivir que nací enferma, bueno, enfermo.  Era un pequeño niño con problemas de retardo por una malformación cerebral, me crecía el cuerpo pero no la mente, no obstante, nadie puede saberlo pero yo sabía por qué estaba metida allí, no era para dar pena aunque muchos me la tenían, era porque había tenido una pequeña elección antes de nacer, y era que deseaba redimir las culpas de mis padres, especialmente de él, que sin haber aprendido de su vida anterior continuaba maltratando a mi madre, a quien yo adoraba por ser tan abnegada conmigo.

 

Así, morí a los 4 años, mi cerebro no le comunicaba el funcionamiento correcto al cuerpo y para tristeza de mis padres de esa vida, me elevé al cielo de la forma más liviana que haya sentido en las otras muertes, ahora sé por qué se dice que cuando los niños mueren se elevan como angelitos, porque eso mismo somos gracias a no haber soltado el lazo divino que pende del cielo en espera de volvernos a alzar.

 

Morí dejando a mi pobre padre devastado y triste, tuvo otros hijos pero el sufrimiento que le ocasionó perder a su primer bebé de 4 años, le hizo reaccionar al fin y empezó a llevar su vida con más rectitud y elegancia moral.  Es decir, morí por amor a mis progenitores y por el perdón que más necesitaba mi Padre y él hizo que valiera la pena.

 

Luego de tantas vidas y muertes, parecía que estábamos aprendiendo, pero seguía pendiente todavía el tema de amar sin dependencia.

 

Y llegamos otra vez a una nueva vida, yo era una mujer de casi 30 años, vivida y recorrida como ninguna de mi época, incluso hasta feliz…  pero una mañana desperté con el deseo inamovible de ir a la iglesia, no, no me llamaba Dios…  me llamaba la energía de Francisca, pero yo no lo sabía hasta que la vi dando un sermón y partiendo el pan de Cristo para dar de comer a los discípulos, era ella, ¿Cómo se le ocurrió nacer en el cuerpo de un Cura?

 

Apenas me miró se le cayeron las cosas de las manos, fue tan evidente que la gente me regresó a mirar, yo no salía de mi asombro, era un Cura muy guapo y yo una mujer demasiado vivida…

 

Asistí a misa por el resto de la vida, jamás la gente sospechó de mi infierno interior ni del Cura, el amor imposible arrasó con toda mi sexualidad, abandoné mi estilo de vivir tan hedonista y me dediqué a desearlo con toda la imaginación, mientras él, me profesaba un amor tan diferente, no, no moriría por mí porque estaba allí para morir por la humanidad si es que era necesario.

 

Rogué, pataleé, lloré toda la vida por hacerle caer en tentación, más no pude comprenderlo sino cuando al fin morí solterona a los 63…

 

El amor estaba aprendiendo a darse sin dependencia…  Si Dios nos amara con dependencia lo primero que hubiera hecho es no darnos el libre albedrío…

 

El cura me amaba con todo su corazón, con toda su alma, pero tenía claro que su amor no debía afectar a ninguna de las 2 partes, aunque contuviera su dosis de sufrimiento, que incluso en este caso era el sufrimiento más dulce que podía existir.

 

Y de nuevo nací, pero sola…  Bueno, tuve la gracia de amar a otros seres humanos, algunos conocidos y otros no, pero no encontraba a Francisca…  Como era un padre sin buen material genético, decidimos con mi esposa buscar una niña para adoptarla, de hecho adoptamos 2 criaturas, pero hasta la hora de mi muerte no pude hallar a Francisca.  Si, morí con felicidad pero con esa sensación insana del vacío eterno…  de no haber encontrado eso que algunos llaman “la media naranja”

 

Pero cuando volví a mi estado de renovación con una felicidad resignada, me recibieron los brazos de Francisca y entendí algo más… cuando ella me dijo que yo era tan maravillosa que muchos debían beneficiarse de mí y ella permitió que eso sucediera.  Muchas veces el amor es tan alucinante y embriagador que - si querer – se vuelve egoísta.

 

¡Qué lecciones tan hermosas! ¡Qué bello es entregarse al libre albedrío en consenso con Dios! Pero la gente no lo comprende sino hasta que muere y revisa su vida detalle a detalle y se da cuenta, pero ya no estamos en el mundo para remediar tantos errores.

 

Y bueno, esto ha ocurrido una y otra vez, en largos larguísimos años según el calendario de los humanos, pero para Dios estas tantas vidas han ocurrido en un abrir y cerrar de ojos, y ahora me encuentro en una nueva vida, me llamo desde Isabel hasta Sara, y mi Francisca me asoma por todo lado…

 

¿Qué tengo que aprender en esta vida?  Si encuentro a Francisca dividida entre mi hijo, mi familia y mis más queridos amigos.

 

Conozco tanta gente todo el tiempo y les motivo para aceptar su sexualidad sin culpas ni miedos, porque creo que no hace falta, cada quien de una u otra manera me ha obsequiado lindas etapas de amistad y cariño, debo sentirme agradecida porque ahora estoy aprendiendo nuevas lecciones de vida y muerte, de luz y oscuridad, de amor y desamor.

 

¿Será que estoy en las celestiales clases finales de lo que es Amar sin dependencia o se me está pasando la mano?

 

En fin...    Ya lo sabré cuando me muera...

 

 

 

La Qka

Tu alma de guerrera contiene la rudeza
de quien cae, levanta, cae y vuelve a levantar…
Eres la heroína de la vida,
Allí donde tus luchas te dan la gloria,
aunque venzas, aunque pierdas,
en la realización de tus sueños está la Real Victoria.
Tu figura femenina es todo un enigma,
en aquel mundo masculino donde se van de bruces…
más, tú te luces,
mujer que besa el cielo, mujer que besa el piso,
mujer que empuña el arte cual acróbata de rizo.

Los Guantes de Qka
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Friday, 19 July 2019