03 July 2015

Como la vida, la muerte es una aventura

Category: Amor

Tengo miedo de ir al médico, me miro al espejo y observo unas ojeras terribles bajo los ojos y es que claro, no he dormido bien los últimos días pensando qué será de mí…  ¿Moriré?

Me han encontrado unas pelotas en los senos y no son exactamente las de jugar golf, aunque son tan duras como esas y duelen mucho, me hice los exámenes pero ahora estoy temblando porque no quiero saber los resultados.   Me miro al espejo de nuevo, despacio me desabotono la blusa y me encuentro con ese pecho que ha levantado las pasiones de muchos hombres, son 2 hermosos senos que se jactan por su belleza del pasado, su maternidad y ahora por su edad…

 

42 años parecen mucha vida para ellos, pero para el resto de mi cuerpo aún no lo es, sin embargo, me he planteado que en el caso hipotético de un cáncer de mama nos enterraremos todos juntos.  No, no permitiré la extirpación de mis senos, llegamos juntos a este mundo y juntos lo abandonaremos.  No, no quisiera vivir mutilada…  No, no le voy a rogar a la muerte que no me lleve, ni a la vida que se prolongue si no le da su gana, no es negociable, vivimos todos juntos en este cuerpo o no vivimos, pero sea lo que sea todos juntos…

 

Se me quiebra la voz por el llanto, mientras por milésima vez me repito…  “Porque no traicionaré la lealtad que tengo para mí misma, ni por la enfermedad, ni por la muerte, ni por la vida…”

 

Muy valiente yo, me lo decía para darme alguna fortaleza, aunque agobiada caía de rodillas al piso y lloraba al filo de mi cama.  Yo, que había escapado a la muerte por 2 ocasiones algo extrañas, me hacía pensar si la tercera sería la vencida.

 

En fin, me pongo de pie, me seco las lágrimas y me alisto para salir de una buena vez al médico a ver esos putos exámenes, al fin y al cabo, como la vida la muerte también puede ser una aventura.

 

Me duele tanto por mi hijo, es pequeño todavía, apenas tiene 11 años pero tiene un gran papá, quien por cierto se lo ha llevado ayer a un viaje de 2 meses por vacaciones, me despedí de él sin saber si alcanzaré a verlo de nuevo, en parte ha sido muy oportuno pues así podré dedicarme a morirme sin ocasionarle traumas innecesarios.

 

¿Quimioterapias? Sería un solución dependiendo del nivel en el que esté la enfermedad, pero no tengo dinero, de modo que los resultados de los exámenes serán mi sentencia de muerte.

 

Bueno, bueno, mejor dejo de pensar pero hay una frasecita que no se va de mi cabeza… “La Muerte, la última aventura” “La Muerte, la última aventura” “La Muerte, la última aventura”…

 

Estoy conduciendo mientras la mente se me ha ido a no sé dónde, me pasmo de repente en el recuerdo de aquel accidente de tránsito, como una película lo visualizo de nuevo…  estaba con Gabriel, teníamos 28 años y éramos novios, él había bebido un poco en la discoteca pero por lo que sucedió, creo que se le subió a la cabeza, bueno, él no estaba acostumbrado a beber.  Mientras apretaba el acelerador en una larga de la carretera me dijo que me amaba profundamente y que como prueba de ese amor íbamos a morir los dos esa noche, no tuve tiempo de creer si bromeaba o hablaba en serio, pues de pronto solo alcancé a ver la inmensa trompa de un camión y no supe más.

 

Cuando desperté tenía rota una pierna y Gabriel se perforó un pulmón con una costilla, al parecer habíamos sobrevivido pero nunca más quise saber de ese novio, aunque me explicó que solo bromeaba, que estaba en todos sus sentidos y que la razón del choque fue porque el chofer del camión se había quedado dormido.  No, no quise saber más de él, lo amaba, me apasionaba, me moría por él… pero todo eso se esfumó cuando concluí que él estaba loco.

 

Los pitos de los autos atrás mío empiezan a sonar, vuelvo del recuerdo y caigo en cuenta que estoy de primera esperando el semáforo que acababa de ponerse a rojo otra vez, la gente me insulta, peor que en las redes sociales cuando una se atreve a opinar de política, me las tengo que aguantar hasta que vuelve el verde del semáforo y avanzo.

 

Llego al consultorio, la recepcionista me indica que espere mi turno, estoy tan preocupada…  Si, aquella vez del accidente casi nos matamos, por ese motivo cancelé la boda con Gabriel y de vez en cuando lo veo en casa de mi madre, pues ha ido de visita, mis padres lo quieren mucho pero yo me apresuro a saludar para no tardar en despedirme y desaparezco.

 

Cuando me casé supe que se fue a vivir a Italia, donde sus tíos, y francamente respiré aliviada.

Ustedes creerán que estoy exagerando, ¿Verdad?

Pues déjenme decirles que no exagero ni un pelo, ¿O si?

Mejor les sigo contando a ver qué opinan.

 

El matrimonio me duró 7 años, se acabó por su propio desgaste de incomprensión y falta de deseo, armoniosamente nos divorciamos y armoniosamente me quedé en la calle, entonces apareció, como quien no sabe nada, Gabriel.  Como el príncipe azul con el que sueña toda mujer, muy apuesto y con dinero, “a rescatarme de mis calamidades” – dijo.

 

Pero había algo que me hacía sentir insegura a su lado, nunca supe qué era, al principio creí que era por el accidente posiblemente provocado, luego no sé qué pasó pero le corría, hasta que una noche salí a un café con mis amigas del colegio, para recordar los viejos tiempos y fue allí donde le encontré.

 

Mi corazón se sobresaltó del susto, Gabriel me miró pero solo me saludó de lejos, estaba acompañado de unos amigos y muy acaramelado de una mujer muy linda.  Me gustó verlo bien acompañado y pensé para mis adentros que así ya no me molestaría, luego de rechazar su ayuda parece que al fin había entendido, pero las horas fueron pasando, sus amigos se estaban despidiendo, mis amigas también, hasta que como a las 10 de la noche decidió acercarse a mi reducido grupo de 3 amigas y yo para sacarme a bailar.  Las chicas me codearon para que no me haga la difícil y efectivamente tuve que salir.  Estaba tan nerviosa que tropezaba en mis propios pies, luego de tantos años le sentí apretándome a su pecho y pronto me relajé y comencé a disfrutar de su compañía.

 

Fue una noche maravillosa, bailamos hasta el cansancio, nos reímos, nos besamos y terminamos en la cama envueltos en una pasión loca…  Todo suena perfecto hasta aquí y me hubiera encantado levantarme a hacerle un rico desayuno, pero lo que pasó fue algo terrible…

 

Casi muero por segunda vez y quizás por el mismo sospechoso, después de una maratón sexual inolvidable, le pedí que me obsequiara una pastillita para el dolor de cabeza, junto con un vaso de agua me la pasó y lo último que recuerdo es que al amanecer tuve que llamar a la ambulancia de mi seguro médico para que me auxiliara, porque me estaba ahogando.

 

La pastilla y el trago no se llevaban bien y me intoxiqué gravemente, estuve a punto de un paro respiratorio.  Gabriel me llamó al siguiente fin de semana a invitarme a salir de nuevo…  ¿Qué tal?

 

¿Has tenido alguna vez la sensación de que alguien intenta matarte?  Pues yo si, me volví paranoica y le mandé al cuerno y juré nunca más volverlo a ver.

 

Las 2 ocasiones que casi pierdo la vida ha sido por su causa, decidí no volver a arriesgarme de ese modo.

-          Señorita Andrea, es su turno, pase al consultorio por favor.   – La voz de la recepcionista me ha vuelto al tiempo presente y otra vez siento el peso de mi infortunio.

 

 

Me pongo de pie, ha llegado la hora de saber los resultados de esos exámenes, pero no puedo dar un paso y suena en mi cabeza una vocecita que me dice… “La Muerte, como la vida, es una aventura”  Y como si mandada por el demonio, doy media vuelta y corro escaleras abajo, no sé a dónde voy, no sé para qué me canso, solo sé que debo correr y corro.

 

He llegado al parque de mi infancia, camino con las últimas fuerzas que me quedan, no sé dónde ha quedado mi cartera ni las llaves del auto pero me vale poco.  El sol del medio día quema mi piel, los niños juegan en los columpios y mi mente ha retornado a aquellos hermosos días cuando no habían complicaciones, solo un niño llamado Gabriel que vivía en una casa que existía en ese terreno de al frente donde ahora hay un edificio de unos 14 pisos, que jugaba conmigo a que me raptaba, me asesinaba y luego me tocaba por todos lados.  No me incomodaba, me gustaba hacerme la muerta.

 

No sé si es por el cansancio, el shock emocional o la misma enfermedad, pero me recuesto en la banca, por primera vez en mi vida no me preocupo de la hora ni de las cosas que tengo que hacer, mi hijo se fue de vacaciones con su padre, de modo que ni él está como para retornarme a la realidad.

 

Debí haberme dormido, no sentí nada de nada, pero cuando desperté lo primero que vi fue el bello rostro de Gabriel, que me contemplaba con ojos tristes.  Ya no le sentí miedo, quizás sea porque si quería matarme bien podía, igualmente iba a morirme pronto.  Lo abracé y lloré largamente en su hombro.  El también lloraba, no sé por qué…

 

Luego de unos minutos, cuando nos tranquilizamos, le pregunté:

-          Gabriel ¿Por qué lloras?

-          Porque al fin te das cuenta que la muerte nos ha alcanzado - Me respondió suavemente

-          ¿Qué quieres decir? – Le pregunto sin sobresaltarme ni asustarme

-          Que solo nos queda esta noche para estar juntos. – Me responde al mismo tiempo que se le derraman una lágrimas

-          ¿Te vas a morir? – Quiero saber más, ya no me importa si está loco

-          Si mi Reina, por ti voy a morir, porque te amo y tú morirás por mí.

 

 

Seguramente hasta hace pocos meses, estas hubieran sido las frases más aterradoras que hubiera escuchado en la vida, pero extrañamente no me asustó.  La frase aquella de que “La Muerte, como la vida es también una aventura” empezó a tener sentido para mí.

 

Se pidió a domicilio comida japonesa y tuvimos una cena de lujo en su departamento, que era el piso 14 del edificio donde decía que antes era su casa, una suite muy amplia y de primera, encendió la chimenea y me desvistió.

-          Quiero verte desnuda, porque tu cuerpo es la algarabía de mis fantasías más perversas.

 

Se desvistió él y se puso frente a mí, diciéndome:

-          Mírame desnudo, mi Reina, porque este cuerpo te ha deseado desde el día en que naciste para morir por ti.

 

 

Las lágrimas empapaban mi rostro, sentía en el ambiente la energía del amor más brutal e intenso que haya experimentado jamás, sus ojos llenos de amor y dolor expresaban todo el romanticismo de la muerte más dulce.  Morir de amor ya no era solo una frase para canción, morir de amor estaba siendo literalmente eso: morir de amor… 

 

Empezaba a comprender lo que sentía Gabriel por mí, empezaba a corresponder cada una de sus incoherencias, de sus palabras de muerte, sentía que al fin estábamos juntos en el momento correcto, como si todo el camino recorrido, tarde o temprano, nos iba a poner frente a frente.

 

Sentía la forma más libre y auténtica de amar, sin límites, sin apegos, sin compromisos, sin ley, simplemente con el sentimiento rebosado de piel y sangre, listos para transmutarse en espíritu.

-          No llores mi Reina, no estés triste, siente el privilegio de ser una de muy pocos que se entregan a la muerte por amor y que recibe el amor a través de la muerte.

 

 

Como si fuera una orden, dejé de sollozar, Gabriel se acercó para besarme, lo hizo suavemente y mordiéndome el labio inferior, sentí el sabor de la sangre en mi boca pero él siguió besando y bebiéndose el néctar rojo que brotaba de la pequeña herida.

 

¿Será que cuando el alma está pronta a abandonar la materia, pierde la sensación del cuerpo? Me pareció que si, pues el dolor del labio era bastante soportable, más bien lo que me sorprendió fue que, al mirar su boca manchada de sangre como un vampiro, se me excitó cada célula, cada fibra, cada cosa que me constituyera, haciéndome sentir que todavía mi sangre estaba viva y caliente.

 

Haciéndome sentir aquello que solo se siente cuando la muerte es tan cercana…

 

¿Moriré ahora a la noche? ¿Moriré mañana? Ya daba igual cuándo moriría, dejé de preocuparme por la muerte y me di cuenta que estaba muy ansiosa de experimentarla.

 

Morir de amor… solo podría hacerlo si me enamoraba de la muerte, tanto o más como me enamoraba de Gabriel, el amor que me ha querido asesinar por 2 ocasiones y del que he huido mientras supe que tenía vida, pero ahora, me estoy entregando a la última aventura: la aventura de morir por amor.

-          Estoy lista, Gabriel, estoy lista para ti… Haz conmigo lo que te apetezca, mátame lentamente o de un solo zarpazo, toma mi vida, mi amado asesino, aquí estoy… amándote y lista para demostrártelo. - Le dije con los brazos abiertos, mostrándole mi desnudez, suplicando con mis ojos, mientras toda palabra herida se me caía al suelo.

 

 

Dicho esto, Gabriel amansó mi incondicional entrega, su lengua cual serpiente abusó de todas mis aperturas, usó el cuchillo de mesa para herirme la piel de las piernas y yo… disfrutaba el dolor como el mejor de los duelos, velándome a mí misma, a una muerta precoz o a una agonizante viva…  Sin ataúd aún, solo esperaba que me arrancara el corazón del pecho, quería verlo latir por él en sus propias manos…

 

Nadie mejor que Gabriel, comprendería la muerte que quiero ahora.  Elegí cómo vivir y ahora elijo cómo morir, ningún cáncer va a obligarme a morir mutilada, ningún cáncer va a obligarme a vivir por el favor de la medicina, no, no, no…  Aquí no manda la enfermedad, aquí mando yo.

 

Gabriel ha cortado mi largo cabello, solo ha dejado una mecha gruesa para poder jalonear, estoy boca abajo sobre su cama, cuyo edredón blanco es ahora una bella obra de arte abstracto que retrata mi muerte resignada, mi muerte enamorada, mi muerte feliz.

 

Punza mi vientre, pero no profundamente, por alguna razón todavía no me quiere asesinar, pero mi cuerpo está desangrando, el sádico enamorado me hace el amor y su cuerpo como el edredón también se hace el lienzo que documenta mis sentimientos más sublimes, mi eterno amor por la muerte…

-          Te llegó la hora mi amor – Me lo dice al oído, con otro mordisco que hiere mi oreja.

-          Adelante Gabriel, estoy lista – Le contesto muy débilmente, creo  que ya he perdido mucha sangre y ya me siento más allá que acá.

-          Mi Reina, dime, ¿Por qué tardaste tanto en decidirte a vivir estos últimos momentos?

 

No tenía tiempo de dudar si debía responder o no, así que solo contesté…

-          Tengo cáncer

 

 

Gabriel me soltó de pronto, se llevó las manos a la cabeza, sus gritos casi no los podía escuchar, pero protestaba, lloraba, insultaba a dios…   Se me aproximó violentamente a la cara y mirándome a los ojos me dijo:

-          No puedes morir dos veces, el cáncer ya te ha matado, mi Reina, ahora me llegó la hora.  Bésame mi Reina, bésame amor mío, que con tu beso podré llegar al paraíso…  Te Amo

 

 

Las fuerzas no me dieron para responder y mis ojos lo último que miraron fue que Gabriel se lanzó al abismo desde el filo del balcón.

 

*********

 

 

Cuando desperté me encontré en una clínica con mi familia alrededor, alcanzaron a salvarme con las justas, afortunada o desafortunadamente, gracias a la desgracia de Gabriel pudieron rescatarme inmediatamente.

 

Los escucho hablar con total desprecio del asesino  y desean que se haya ido al infierno, pero yo solo sé que nunca me había sentido tan amada y que jamás había amado tanto la oscuridad de un hombre.

 

Siento dentro de mí un gran vacío pero a la vez un alivio distinto, ¿Será que pronto me encontraré con él en el más allá?  Pues se lo pregunto al médico:

-          ¿Y el cáncer? 

-          No es cáncer, Andrea.  Son solo quistes que se te irán con una biopsia muy relajada.

 

 

 

Acababa de vivir la experiencia de haber amado a la muerte, y ahora con la buena noticia, siento que me vuelvo a enamorar de la vida.   Esta intensidad de enamorarme o desenamorarme  a veces es tan complicado ¡Caray!

 

 

La Qka

Tu alma de guerrera contiene la rudeza
de quien cae, levanta, cae y vuelve a levantar…
Eres la heroína de la vida,
Allí donde tus luchas te dan la gloria,
aunque venzas, aunque pierdas,
en la realización de tus sueños está la Real Victoria.
Tu figura femenina es todo un enigma,
en aquel mundo masculino donde se van de bruces…
más, tú te luces,
mujer que besa el cielo, mujer que besa el piso,
mujer que empuña el arte cual acróbata de rizo.

Los Guantes de Qka
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Tuesday, 09 March 2021